viernes, 28 de octubre de 2011
jueves, 26 de febrero de 2009
Describir a Dios
Es como extender la mano hacia la luna
y pretender sentir la aspereza de su textura.
Como degustar el suculento platillo que otro no supo apreciar.
Es como describir la angustia y la impotencia
para vencer al más fuerte. Es el consuelo de poderme asir
al robusto ramaje entre la impetuosa corriente que me arrastra.
Es tan fácil como gritar, te odio y tan difícil como decir, lo siento.
Como cerrar la mano al que te pide pan
y abrir los graneros para el que te adula.
Como extender los brazos para medir la inmensidad del universo
y cerrar los ojos para entender las minuciosidades del corazón.
Describir a Dios es cometer pecado. El sacrílego quehacer de la ignorancia.
Dar cabida a lo intangible; fijar límites a lo preexistente
y en un yugo desigual, cazar la fe con la razón, engendrando como hijos
a la piedad, a la arrogancia y a la sumisión, a la sabiduría y a la necedad,
a la lujuria y a la bondad, a la Edad Media y a la época actual.
Describir a Dios es darle lenguaje al alma y motivos al corazón.
Es codificar los sentimientos y estructurar los fundamentos de la pasión.
Es abrirse paso entre el océano y extender un puente a ningún lugar.
Es toparse con pared y tomar la decisión de volver al primer párrafo de esta descripción.
Autor: Luis Carlos Sánchez
Sobre una reflexión respecto al creador.
Es como extender la mano hacia la luna
y pretender sentir la aspereza de su textura.
Como degustar el suculento platillo que otro no supo apreciar.
Es como describir la angustia y la impotencia
para vencer al más fuerte. Es el consuelo de poderme asir
al robusto ramaje entre la impetuosa corriente que me arrastra.
Es tan fácil como gritar, te odio y tan difícil como decir, lo siento.
Como cerrar la mano al que te pide pan
y abrir los graneros para el que te adula.
Como extender los brazos para medir la inmensidad del universo
y cerrar los ojos para entender las minuciosidades del corazón.
Describir a Dios es cometer pecado. El sacrílego quehacer de la ignorancia.
Dar cabida a lo intangible; fijar límites a lo preexistente
y en un yugo desigual, cazar la fe con la razón, engendrando como hijos
a la piedad, a la arrogancia y a la sumisión, a la sabiduría y a la necedad,
a la lujuria y a la bondad, a la Edad Media y a la época actual.
Describir a Dios es darle lenguaje al alma y motivos al corazón.
Es codificar los sentimientos y estructurar los fundamentos de la pasión.
Es abrirse paso entre el océano y extender un puente a ningún lugar.
Es toparse con pared y tomar la decisión de volver al primer párrafo de esta descripción.
Autor: Luis Carlos Sánchez
Sobre una reflexión respecto al creador.
martes, 10 de febrero de 2009
Traviesa maldadA lo lejos, como un testigo indiferente, la redondez de la luna iluminaba el valle. Era una noche de esas que la gente con temor suele decir “con aire enrarecido”.
Yo extendía mis manos y sobrevolaba con desbordado entusiasmo ¡y no era para menos! Luego planeaba, luego en picada, experimentando el vértigo de sentirme libre.
Debajo de mí, aquel bullicio y esa funesta escena, con esas tumbas blanqueadas invadidas por la maleza y esos seres inertes que poco a poco despertaban. Unos sentados sobre las lápidas como recuperándose de su profundo sueño; otros apenas caminaban.
Ya nada me detenía: Volaba, revoloteaba y también gritaba. Lo hacía con tanto entusiasmo y era extraño, me espantaba la idea de espantarlos y el espanto lo sentía en mi vientre y se anudaba mi garganta.
Fui tan rápido y me alejé hasta las espesas copas de la arboleda y me sentí solo en la soledad de esa espesura y tuve miedo, tanto pero tanto miedo que se me erizó la piel. Entonces, me armé de valor y lo volví a desear y me impulsé aun más alto y regresé. Quería asustarlos, robar sus confundidas miradas y sus bocas entreabiertas. Estaba como poseído de una traviesa maldad no muy común en mí, más bien de aquellas comunes cosas que siempre deseas hacer sin hacerlas.
Por eso digo que ante la algarabía de esa noche, la luna parecía desentendida.
A fin de cuentas, los sepulcros no están tan blancos ni los muertos tan muertos. Ni yo vuelo tanto ni logro tan majestuosa hazaña. Solo hago lo que hago porque más ya no puedo hacer. Mi cuerpo ya no es mi cuerpo y ahora entiendo que nunca lo fue.
Los muertos, que por cierto no están tan muertos, siguen su vida aquí y yo que me creía tan vivo, me he dado cuenta que ni muriendo dejé de vivir.
Autor:
Luis Carlos Sánchez
Sobre algunos de mis sueños
Sobre lo que aquí escribo
Aprovecho este espacio para compartir algunos escritos. Las cosas que sueño, en las que pienso y en las que creo.
Toda crítica es bienvenida pues deseo aprender aun más con sus observaciones.
Muchas Gracias
Toda crítica es bienvenida pues deseo aprender aun más con sus observaciones.
Muchas Gracias
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